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Patricio Morales Lizana

"Una Larga Herencia Familiar" De Patricio Morales Lizana. 2010

Por Cristian Cruz

 

Desde un rincón de Chile da a la luz este libro el joven autor Patricio Morales,  esta Herencia Familiar, que más bien parece un sino, un  patrimonio cercano al hastío. Es bien decir que  nuestro  Chile actual, el  Chile Literario, se ha dado maña para cubrir, tapar o camuflar  el manifiesto heredado de la dictadura, y posterior el  neoliberalismo. Me sorprende escuchar  a Héctor Hernández  reencarnar esa verdad, la  desdicha de olvidar que se instaló en este pueblo. El mundo literario olvidó el asunto y listo. Patricio Morales se niega y resiste  sin matices panfletarios. Intenta recuperar en su poesía o delatar ese olvido. Una de las variables  que da carácter a esta propuesta poética es la transversalidad de temas y épocas, de temple y  tenor de esta escritura a ratos ruda y descarnada. Es decir recupera la memoria y restablece la desdicha, el maltrato del sistema y su perversión sobre los componentes más vitales. Entonces la poesía retorna a uno de sus flujos o motivos. La denuncia, el temple reinante, la modorra silenciosa de una sociedad olvidadiza. No se crea  el lector que Morales  hace retórica con el tema de la dictadura, hace revuelos de una nueva mirada hacia lo heredado de esa dictadura, la que en cierta medida todos tratamos de solazar.


También agrega a esa vuelta en el tiempo, un trasfondo de actualidad, a partir de sones modernos develar lo que quedó. Utiliza entonces el concepto de Patria, recalcando en esto, el ímpetu de rearmar  su nueva condición  de partícipe de esta Patria.

En esa restauración personal y poética suma  la ternura, citando trazos de una cotidianeidad compartida en el  sentido más sencillo del amor.

Digamos que caracteriza estos poemas una escritura  directa y con afán de dialogar desde una esperanzada resonancia para tratar de instalarse con matices de denuncia y obligada cartografía de problemas actuales en nuestra sociedad. Esa escritura que en espacios se encuentra tremendamente lograda, hace pensar en un poeta que se encamina  a reencantar un espacio poético que  será, de seguro reconocido como otro más de la tribu.


                                    * * *

 

                        XI

El rostro más optimista que tuve
se vino abajo con la tercera réplica, créanme.
De sol a sol cuarenta funcionarios de gobierno
y hasta el mismísimo ministro
recogieron los escombros durante siete días
y aunque luego de unos meses
me refundaron con bombos y platillos
y mi nombre sonaba en los medios para patrimonio nacional
hubo grietas que nadie reparó.
Comencé a perder los dientes uno por uno
ya no podía besar al que besaba por aquellos años
las autoridades de turno miraban hacia el cielo
los fuegos artificiales aquella noche cuando llegó el bicentenario
y les reclamé por dejarme fuera
de ese programa dental de gobierno
sal de acá rota de mierda dijéronme
de forma burlona “la diente de yeso” llamáronme
apenas vieron un implante improvisado
que gentilmente me hizo un amigo
que era dueño de una constructora habitacional
salí corriendo, las lágrimas me tiraban del cabello
y por más que les rogué
siguieron con el mismo tango hasta dejarme calva.

Veinticinco años atrás me sucedió algo parecido
no tuve para pagar un almuerzo y le dije al dueño del restaurant
si lo arreglábamos de otra forma
al tipo le pereció inmoral mi propuesta,
me arrastró de la cabellera hasta la calle, me orinó la cara
y me agarró a piedrazos junto a los hombres
que frecuentaban el lugar
enseguida me desvistieron
y me clavaron de norte a sur en una cruz apolillada
te salvaste de los azotes conchadetumadre, me gritó uno
agradece que el encargado anda en comisión de servicio
y sin piedad con una estaca me perforaron
a la altura de San Fernando
cuando se fueron y quise zafarme de los clavos,
la cruz se vino abajo
el golpe lo recibí en el rostro, vi una inmensa luz blanca
y me sentí bombardeada
sentí algo así como aviones bombardeándome
escuchaba gritos, disparos
y hasta podía oler el humo de los documentos que ardían
en algunas de las oficinas del segundo piso
en esa oportunidad recuerdo que perdí cuatro dientes
pero no se confundan con el personaje
lo mío es más serio, créanme.
Un grupo de niños que cazaban ratas
para entretenerse en aquel basural
me vio crucificada bocabajo, desnuda y sangrando
pensaron que era de hule
y jugaban a introducirme una varilla por mi vagina
ganaba el juego quien metía la varilla más adentro y sin quebrarla

en aquella inocencia me destrozaron el útero
y los ovarios se atascaron en mi garganta
el menor de ellos se compadeció, me quitó los clavos con sus uñas
y me dijo algo así como
madre, perdónalos porque saben lo que hacen
en ese momento me estremecí
sentí un hielo a lo largo de toda la carretera cinco
y volví a desfallecer
nuevamente mi cuerpo golpeó el suelo
me fracturé en quince pedacitos
y lloré, lloré como antes nunca había llorado.

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Reseña sobre "Una larga Herencia Familiar" (Revista Punto final, Edición Julio-Agosto de 2010).)

Por Alejandro Lavquén


Una larga herencia familiar (Ala Mira Editorial). 59 páginas. Tercera publicación del poeta colchagüino (nació en Santa Cruz) Patricio Morales Lizana. En sus versos nos encontramos ante la realidad de nuestro país en los últimos años. Nos lleva por un recorrido donde la memoria y desmemoria disputan un lugar en el imaginario colectivo. La primera busca la verdad, la justicia. La segunda, el olvido, la impunidad. El autor está por el primer camino: “En esta patria ya no hay hombres ni vivos ni muertos/ sólo montañas que esconden ausencias/ sólo ríos que arrastran silencios/ un mar de peces difuntos”. El poeta denuncia la decadencia social y moral del Chile actual, aunque también, en sus versos, encuentran espacio el amor y la esperanza, entregándonos sus vivencias y desencantos. Significativo nos parece lo que dice Arnaldo Donoso sobre este libro: “Aquí no hay una biografía del tipo mi nombre es Patricio Morales. Aquí se traza la biografía no autorizada de una larga y brutal transición que no termina de configurarse desde 1810” .


Selección de Poemas del libro "Una Larga Herencia Familiar", del poeta Patricio Morales Lizana

Selección de Poemas del libro "Una Larga Herencia Familiar", del poeta Patricio Morales Lizana

I

El desconsuelo ronca
bajo la corteza nacional.

Oscurece.

Las ratas huyen,
la patria se derrumba.

Aprendo.

 

 

II

Por estar siempre en jaque y mal herido
me convenzo de que la humanidad del hombre
cabe entera en un tablero de piezas rotas
o perfectamente en una baraja de naipes viejos
con nobles sin coronas, sin espadas ni oro
una baraja no necesariamente española
sino más bien multinacional
para que en todos los idiomas se enteren
que esa baraja es un espejo.

Este largo tercer enroque
perfectamente podría compararse
a la esperanza de las poblaciones de Chile
y sus niños saltando de un día a otro
por temor a las manos de un alfil.

Este invierno que te escribo perfectamente
se me cae en la primera servilleta
con un padre nuestro en la solapa
este humo interminable perfectamente
podría ser Gardel y Gardel perfectamente
un acuario de metales
donde peces de oro son de plata
los de plata de cobre y los de cobre cesantes rancagüinos
encendiendo barricadas en las olas más altas
o cortando el tránsito de grandes balleneros japoneses.

Esta constante huida para proteger al rey
perfectamente podría ser tu boca
tu boca aquella noche asegurándonos a todos que Chillán era nuestro
como esta patria, recuerdas.

 

III


El verbo se nos queda en la garganta
una grieta insistente crece
cuando esta casa que hemos llamado casa
la construimos con cada llanto.

Todo nombre lleva el nombre de un ausente
desaparecer es empezar a aparecer
y permanecer en la memoria
darse cuenta que en estos campos
no sólo llora el sauce llorón
sino también Chile y todos sus desaparecidos.

Háblame, háblame de los amigos
que la post-modernidad intenta olvidar
háblame de los brazos en las fauces
del costado aquel en donde se perdió el filo
de la bayoneta más fría de la noche
cuéntame de la madre y sus senos desgarrados   
de Concepción, las bombas y los supermercados
de Chillán y las casas acribilladas cuéntame hombre. 

Todo nombre lleva el nombre de un ausente
que el edificio Diego Portales
arda y se derrumbe es sólo otra noticia
hay peces que nadie puede pescar
hay familias que aún esperan.

 

 

IV

 

Todo este frío y el hambre al parecer no bastan.
Todo este frío también parte el corazón.
Los labios, el rostro y las manos son otra cosa.

Como una gran columna vertebral
los países de este rincón se contraen
mascan piedras y tiritan hasta quedar sin dientes.

Dios mira de reojo el paisaje
Dios tiene la sonrisa cansada.

Dios sostiene su rostro entre sus manos.   

 

 

V


De poco sirve que la primavera
llegue con maletas y tacones
cuando los vasos están rotos.

Un hombre destrozado
se levanta una mañana destrozada
se baña en un baño destrozado
destrozado desayuna
y arma los pedacitos de su cuerpo antes de salir.

De poco sirve que la primavera
pretenda coquetearle a un volantín
si detrás de los retratos
muchachas más tristes que la cresta
se arrancan los ojos y ciegas juegan a ser estatuas.

El refrigerador no duerme ni deja dormir
habla de esos pequeños infiernos que ardieron este año.

Qué es eso de andar por la vida
dibujando en las murallas pintitas celestes
qué es eso de no hablar en la mesa cuando se come
suspender el brindis del fin de semana
amanecerse escribiendo poemas
qué es eso de jugar a los enfermos
y no volverse a casa.

 

                                               (A Teresa Villalobos)



 

VI


Últimamente no llego a algunos nombres
mi defecto es no reconocer a mis autoridades
ya no me interesa enterarme
que amigo me ha borrado de messenger
ni tampoco si mi padre recuerda
la pendiente deuda por pensión alimenticia.

Quiero esparcir los pedacitos de mi cuerpo
hasta formar una larga y angosta faja de tierra
quiero idearme un nuevo territorio
con las hojas que cayeron en otoño
armarme otro esqueleto
para mirar de reojo la otra cara de la almohada.

En esta patria ya no hay hombres vivos ni muertos
sólo montañas que esconden ausencias
sólo ríos que arrastran silencios
un mar de peces difuntos.

Últimamente no llego a algunos nombres
la nación posee monumentos que me son desconocidos
sospecho de mis gobernantes
y de todo aquel sujeto que propone un memorial
y le atrasa la memoria
un bicentenario se aproxima con rugidos de jaguares
alégrense, celebremos los doscientos años, dicen los medios
yo escondo mi cabeza bajo la cama
escondo mi cabeza bajo la cama
y temblando juego a los indios contra los vaqueros
y ya no soy más chileno
y ya no soy más profesor
y ya no soy más fractura
me arranco los ojos y a punta de jeringas me reconstruyo
me bautizo con el nombre de ciego  
y me declaro en huelga ante tanto vacío.

Definitivamente ya no llego a algunos nombres
miro un cuadro imaginario de quienes me parieron
- y de verdad te digo querida mesa -
me son tan ajenos
tengo la barba del largo de una pena
y no encuentro tijeras en las mañanas nacionales
para cortarla de una vez.

Desde norte a sur
la miseria desembarca
en los puertos del territorio
y los borrachos de mi pueblo
aún se despiden en las mismas esquinas al amanecer
sin ninguna sonrisa en los bolsillos
dan cuenta a la lluvia
del cultivo de una larga herencia familiar.

En verdad, digo
últimamente no llego a algunos nombres
y más que un problema de memoria
es la voluntad de anular
lo amargo de los días. 

 

  

XI


Las ratas huyen, amor
al sentir detrás de sus orejas
los bostezos de la muerte.

Corremos a la intemperie
deshabitando nuestras tierras
cementerios sin puertas nos saludan
a medida que el amanecer despierta.


 

 

 

 

 

 

 

 





 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De Vuelta en mi Blog. Bienvenidos

Queridos amigos, después de tantas vueltas
y devueltas que nos da, necesariamente la vida,  
he decidido retomar mi blog.

Un abrazo y Bienvenidos

Tres Poemas del poeta chileno Sergio Hernández Romero.

Tres Poemas del poeta chileno Sergio Hernández Romero.

Estimados amigos, comparto con ustedes estos tres textos del  maestro, poeta y amigo Sergio Hernández Romero, tres textos con cariño y agradecimiento a su gran persona y el mayor de los respetos a su gran obra.

... la poesía de Sergio Hernández es canto que corre, cristal que canta. Proclama sencillas riberas en que se entrelazan la  menta y el orégano. O incursiona entre los muros y nos relata mínimos secretos, gotas del alma, papeles del olvido... Yo alabo a este poeta fraternal que entre provincia y provincia conserva el corazón reluciente de una estrella...  PABLO NERUDA. Isla Negra, enero de 1965.

                                                                                                       

En mi árbol…

En mi árbol de hojas desoladas

acumula el crepúsculo

sus últimos pájaros.

Casi está aquí la noche,

ella regresa siempre

pero tal vez tu nunca vuelvas.

 

Dispersos por el mundo,

no volveremos a encontrarnos

y a quién preguntar por ti

si conocí mejor tus ojos

que tu nombre;

si hablaron más tus labios

que tus propias palabras.

 

Tu recuerdo es tan vivo

Que casi no me haces falta.

 

 

Sólo en este contacto 

Sólo en este contacto nos unimos

en esta mordedura nos queremos

ardemos juntos como un pequeño infierno

descubrimos el mundo en este rato

y no queremos morir

o desearíamos morir

siempre que el paraíso pudiera ser este momento

qué desatado furor de carne y fuego

fugaz como el suicidio de una estrella

magnifico temblor

cósmica entrega.

 

 

Vuelo 

Quien no se haya tendido

bajo un bosque de pinos

frente al mar

y entregado a la tierra

jamás sabrá nada de sí mismo

ni dónde está

y errado serán sus pasos

por bares y tabernas

porque nunca verá el sigiloso tránsito

de las constelaciones

que se desplazan fulgurantes

por los cielos altísimos

yo estoy ahora

bajo un bosque de pinos

junto al mar

como todo es Dios

yo soy Dios

y esta noche gobierno las galaxias

tendido y acodado

en una de los polos de la pequeña tierra

deslumbrante es el bellísimo paisaje de los universos

ahora los pinos han dejado de rezar

y entonan solemnes cantos gregorianos

yo estoy en Dichato (Chile).

 

* Textos tomados de la antología SOL DE INVIERNO, 2002, Ediciones Universidad del Bío-Bío.                         

El Señor Parker

El Señor Parker

En noches como esta, cuando los sones de Charlie Parker lo inundan todo, los ojos de ella, la voz de ella, la imagen de ella se dibuja en las paredes, en los techos, en las puertas que ya no son puertas, o son puertas que no niegan ni a seres ni fantasmas que residen en mis días. 

Cuando el saxofón de Parker suena, el cuerpo de ella en ella se refleja en el vaso que vibra y gime frente a las manos del hombre que bebió la pena, la lluvia, ciudades y hasta la mosca más miserable lo creía muerto. Pues cuando uno se viste con el manto de la miseria las luces y aplausos y caderas sudadas y sabanas por desayuno son siempre grises, como Rancagua, el sol parece estar siendo orinado cada segundo por otoños e inviernos, cual muchacho golpeado en cualquier liceo de Chile, cual jorobado perseguido en Praga. Creo haberte contando una vez lo mucho que me gusta el jazz, que en una oportunidad le regalé un cd de jazz al mejor de los poetas y amigos… es toxicamente saludable para el olvido, mi amor, me decía Héctor atrincherado detrás de un wisky añejo y cigarrillos mentolados en un bar de Santiago. Para mi es la vida y sus rubores lanzados a universos multicolores, universos de tierra o agua, de aire o fuego, universos de do, re, mi, fa, universos de vamos a un café, te extraño tanto, espero tu mensaje. 

En noches de lunes, cuando me recuerdas con tu ternura que ballenas viajan junto a las estrellas, que Buenos Aires podría ser perfectamente el acuario del mundo y nosotros dos peces transitando avenidas homosexuales, fulgores detrás de estatuas, tormentas en infiernos, pantanos y civilizaciones, el señor Parker pide un do sostenido para la entrada de un breve solo de saxo, y yo pido a tus ojos, a tu voz, a ti en ti, la aprobación cómplice para un eterno solo de amor.        

 

Ahora sobre tierra

Ahora sobre tierra

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ahora sobre tierra y de rodillas

recuerdo el tiempo en el Olimpo

disfrutando de manjares

y danzando con doncellas.

 

Desde el principio ignoramos

el canto ciego de las cítaras

que nos advertían;

las segundas fiestas a Dionisio

no durarán ocho siglos.

 

Y es al temblar frente a sí mismo

cuando el hombre se sabe polvo,

la soledad muerde trenes,

la tierra se traga los pasos. 

Mi Otoño

Mi Otoño

En tardes como ésta, cada vez que veo caer una hoja a los pies de un árbol, el otoño se muda a mis ojos. Y le he dicho al viento que no le temo, que no temo a su voz ronca ni a ese abrazo frío que muerde hasta los huesos.  Y no le temo porque mi alma fácilmente podría vestirse con el manto de cualquier árbol de abril y con su soplar ni siquiera una hoja arrancaría. Las hojas las guardaría en hondos bolsillos del corazón, para así no inundar moradas de parto ni calles que me han visto crecer siempre con el peso en los bolsillos, y las sacaría a ventilar en cada septiembre con los pájaros que juegan en el sol.

Y le he dicho al viento que no le temo, que mis huérfanas hojas  ya no caen, que me las guardo hasta septiembre, mientras  arroyos  se deslizan por mis ramas durante la espera.      

 

DE VUELTA!!!

 

Queridos Amigos, después de un largo silencio estoy de vuelta, desde esta semana retomaré mi escritura en este blog, gracias a todos por estar constantemente pendientes y visitar mi blog.

Bienvenidos nuevamente!

Fantasmas

Fantasmas

 A mis amigos y poetas Harold Duránd y Roberto Cortez Sandoval.

 Esta noche caminé calles detrás de calles en cuyos rincones encontré sólo rastros de amantes y vagabundos.  Y fueron los ojos de un niño del hambre los que llenáronme de escalofríos y revivieron los fantasmas que rondan a menudo por mis horas, cual un Maestro despierta a Lázaro del sueño eterno, cual un ginebrino otorga larga vida en cuerpos enterrados. 

Juegan entre ellos y no me invitan. Pasean por jardines y plazas con sus padres y las  madres acarician sus mejillas. Me tiran del cabello, ríen, por Espermio Escultor y no abogado, alcalde, ingeniero, futbolista, profesor o traficante… golpean mi óvulo cuando sus gargantas emborrachan, hieren cuando la hierba aún es tierna, cuando el pajarillo no tiene alas.

Por más que trato, reto, grito, rezo, no logro aquietarlos. Quizás por que son fantasmas, ya no mueren.   

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Del sol, un hombro y la soledad.

Del sol,  un hombro y  la soledad.

Las quintas lágrimas de primavera se han posado hoy en mi hombro sin decir siquiera una palabra. Parece que el sol no llega o no brilla para todos o al menos no en este cielo amargo, como en Lilla Essingen.

“gracias Patito”  y un beso en la mejilla fueron mis haberes por consolar  una frágil azucena sin palabras que el tiempo, el viento y la vida hicieron llorar como lloran millones de seres cuando se saben desnudos e inermes frente al espejo del Soy-Estoy-Existo  y no hay prenda ni centavo que cubra tanto desconsuelo, ni brazos que abracen aquel vacío.  

 

No sabría explicar la causa de aquellas lágrimas, pero sentí en aquel sollozo la soledad íntima de un cuerpo que ama y besa y sufre cuando no hay sol que alumbre las almas ni lumbre que guíe los pasos en el sendero de las vidas.

 

Sentí la soledad en mi hombro y mi camisa empapada hasta el pecho.  

Olvido

Olvido

Quise poner la mariposa en tu espalda

quitar la escarcha de tu cuerpo en la mañana

pintarte un muro con una caricia

y también quise tus pétalos en mis años,

pero ellos no quieren ser abrazados,

 no dejan de ser escarcha...  

a esos pétalos que se niegan a ser poema

 a esos pétalos que se niegan  a ser  morada

dos silencios muertos y al olvido...

Florece el poeta en invierno

Florece el poeta en invierno

 

A pesar de los puños

a pesar de patadas

a pesar de los buitres

a pesar del mañana

los años no borran la infamia

la letra negra en el barro se hunde

y paciente el poeta Florece;

Insiste.

El aroma rojo de la flor no pertenece al perfumista

El aroma rojo de la flor no pertenece al perfumista

 

     Mis ojos caminaban juntos a otros ojos por un jardín colmado de flores. Entre ellas encontraron una de color rojo y mirar profundo que ellos amaban... la contemplaron, disfrutaron de su aroma y comprendieron que el perfume de aquella florcita no les pertenecía, pero su aroma seguía adentro muy adentro como un trino dulce en la alborada.

          Ruborizados y nerviosos fuerte mis ojos la abrazaron y la vieron alejarse ligera por un atajo del viento en el invierno. 

El Hielo del Desierto Jamás Seca Las Espinas del Cactus

El Hielo del Desierto Jamás Seca Las Espinas del Cactus

 

 

Las Espinas del Cactus

 

 No encuentro aún las palabras adecuadas

la explicación metafísica

la explicación lógica

la explicación mentirosa

la explicación variada

la explicación dudosa

la explicación infinita

la explicación hipotética

la explicación verdadera

para contarles a tus padres

que saliste del sendero

de la Inmaculada Concepción

que te desbarrancaste y caíste

en las espinas de un cactus erectus.

Un poema que flota sentado en una tronco en medio de un río de penas...

Un poema que flota sentado en una tronco en medio de un río de penas...

 

Temporal en Chillán 

                                                          A Marcela

Calles sumergidas en un río 

perros aturdidos por granizos   

autos azotándose en el aguacero 

paraguas despeinados en el viento:

yo deshojado en la noche

como el otoño en el árbol

al verte en el papel

detrás de un vidrio.

                                                                                              

 

 

Sobre el brindis en copa de palo de los Gusanos Rojos

Sobre el brindis en copa de palo de los Gusanos Rojos

                              A Máximo, y a todos los otros Gigantes...  

He visto fantasmas borrachos que lucen muy tristes y caminan bajo la lluvia en un domingo eterno criticando la vida de pobre y hablando de economía. He visto perros hacerse el amor y esposos golpeando a esposas bajo un sol radiante. He visto ratas acurrucando a Cristo bajo el puente, alimentándolo, amamantándolo con la esperanza de días mejores. He visto la lágrima consolando a la pena mientras brama, leyes despedazando palomares flotantes en mares de espinas. También he visto cabezas palvas de mal aliento que se arrastran como gusanos y viejas sillas podridas, quebradas y olvidadas entre rojos espinos que ya no pinchan.  

          En la periferia del centro encuentro vestigios de culturas pasadas; esqueletos de  mariposas, trozos de corazón, carruseles empolvados, algunas rodajas oxidadas de amor, algunos libros, cuarenta y dos pinturas, un cortauñas, algunos alfileres y lápices secos. Vestigios de un lejano bello tiempo glorioso,  verde como el verde, florido como campo en el recuerdo de los aquellos Grandes e Inolvidables que no necesitaron sentarse en una silla de aire para sentirse en el sol... sí, porque aquellos de los que hablo bailaron el vals con la muerte, la emborracharon, la desnudaron, la pintaron y escribieron un poema sobre su larga cabellara. Aquellos Gigantes quebraron la silla e incendiaron el sol.  

        En suma, las aguas negras facilitan la identificación progresiva de los acontecimientos y el obituario toma en sus brazos la ciudad de duros huesos y ploma sangre que cae a gotas.

 

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Hoy, cuando el hombre siente que se duerme...

Hoy, cuando el hombre siente que se duerme...

Hoy, justamente hoy, cuando Cristo, en la casa del cura, se le mostraba tan pecador como hombre, hoy cuando los nuevos zapatos de cuero negro lo presentaron como señorito frente a la alta sociedad, hoy cuando descubre que la vida es la vida y nada más, hoy cuando piensa que muere y el miedo abofetea la mejilla que le entregó al tiempo, hoy cuando todo sabe a ártico y ni las pulgas ni los ratones lo acompañan, hoy cuando la llamó y colgó enfurecida el teléfono, hoy cuando quiere dormir y siente miedo al apagar la luz, hoy cuando estornuda y los pulmones se muerden, justamente hoy, cuando en su viaje contempló los campos y su mejilla se empapó, hoy que se descolora poco a poco entre las sábanas, una luciérnaga lo mira desde un rincón y se conmueve con su desgracia; estalla en llanto.  

El poeta se va quedando solo

El poeta se va quedando solo

       Esta noche el Maestro Silencioso bajó del Olímpo a una generación poética y me enseñó lo esencial de la vida. También me contó sus aventuras en la resistencia, la clandestinidad, las torturas recibidas, el exilio, su peregrinaje por la congelada isla y su marginación de la política partidaria en aquel país de tufo helado. 

      ... el poeta se va quedando solo, me dice el poeta, cuando le confieso que la costumbre es lo único que me mantiene unido a mis "amigos" del valle vernáculo. Una cuerda apolillada que se deshace poco a poco. Ya no hay chisme que oir ni muerte que comentar. El poeta se va quedando sólo y converge en la misma noche con otros paisanos tan raros como él, con el mismo pelaje, con las mismas angustias, con los mismos egos, con los mismos desfigurados rostros convergen, convergen... la extraña estirpe brinda bajo un sol helado. 

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