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Patricio Morales Lizana

"Una Larga Herencia Familiar" De Patricio Morales Lizana. 2010

Por Cristian Cruz

 

Desde un rincón de Chile da a la luz este libro el joven autor Patricio Morales,  esta Herencia Familiar, que más bien parece un sino, un  patrimonio cercano al hastío. Es bien decir que  nuestro  Chile actual, el  Chile Literario, se ha dado maña para cubrir, tapar o camuflar  el manifiesto heredado de la dictadura, y posterior el  neoliberalismo. Me sorprende escuchar  a Héctor Hernández  reencarnar esa verdad, la  desdicha de olvidar que se instaló en este pueblo. El mundo literario olvidó el asunto y listo. Patricio Morales se niega y resiste  sin matices panfletarios. Intenta recuperar en su poesía o delatar ese olvido. Una de las variables  que da carácter a esta propuesta poética es la transversalidad de temas y épocas, de temple y  tenor de esta escritura a ratos ruda y descarnada. Es decir recupera la memoria y restablece la desdicha, el maltrato del sistema y su perversión sobre los componentes más vitales. Entonces la poesía retorna a uno de sus flujos o motivos. La denuncia, el temple reinante, la modorra silenciosa de una sociedad olvidadiza. No se crea  el lector que Morales  hace retórica con el tema de la dictadura, hace revuelos de una nueva mirada hacia lo heredado de esa dictadura, la que en cierta medida todos tratamos de solazar.


También agrega a esa vuelta en el tiempo, un trasfondo de actualidad, a partir de sones modernos develar lo que quedó. Utiliza entonces el concepto de Patria, recalcando en esto, el ímpetu de rearmar  su nueva condición  de partícipe de esta Patria.

En esa restauración personal y poética suma  la ternura, citando trazos de una cotidianeidad compartida en el  sentido más sencillo del amor.

Digamos que caracteriza estos poemas una escritura  directa y con afán de dialogar desde una esperanzada resonancia para tratar de instalarse con matices de denuncia y obligada cartografía de problemas actuales en nuestra sociedad. Esa escritura que en espacios se encuentra tremendamente lograda, hace pensar en un poeta que se encamina  a reencantar un espacio poético que  será, de seguro reconocido como otro más de la tribu.


                                    * * *

 

                        XI

El rostro más optimista que tuve
se vino abajo con la tercera réplica, créanme.
De sol a sol cuarenta funcionarios de gobierno
y hasta el mismísimo ministro
recogieron los escombros durante siete días
y aunque luego de unos meses
me refundaron con bombos y platillos
y mi nombre sonaba en los medios para patrimonio nacional
hubo grietas que nadie reparó.
Comencé a perder los dientes uno por uno
ya no podía besar al que besaba por aquellos años
las autoridades de turno miraban hacia el cielo
los fuegos artificiales aquella noche cuando llegó el bicentenario
y les reclamé por dejarme fuera
de ese programa dental de gobierno
sal de acá rota de mierda dijéronme
de forma burlona “la diente de yeso” llamáronme
apenas vieron un implante improvisado
que gentilmente me hizo un amigo
que era dueño de una constructora habitacional
salí corriendo, las lágrimas me tiraban del cabello
y por más que les rogué
siguieron con el mismo tango hasta dejarme calva.

Veinticinco años atrás me sucedió algo parecido
no tuve para pagar un almuerzo y le dije al dueño del restaurant
si lo arreglábamos de otra forma
al tipo le pereció inmoral mi propuesta,
me arrastró de la cabellera hasta la calle, me orinó la cara
y me agarró a piedrazos junto a los hombres
que frecuentaban el lugar
enseguida me desvistieron
y me clavaron de norte a sur en una cruz apolillada
te salvaste de los azotes conchadetumadre, me gritó uno
agradece que el encargado anda en comisión de servicio
y sin piedad con una estaca me perforaron
a la altura de San Fernando
cuando se fueron y quise zafarme de los clavos,
la cruz se vino abajo
el golpe lo recibí en el rostro, vi una inmensa luz blanca
y me sentí bombardeada
sentí algo así como aviones bombardeándome
escuchaba gritos, disparos
y hasta podía oler el humo de los documentos que ardían
en algunas de las oficinas del segundo piso
en esa oportunidad recuerdo que perdí cuatro dientes
pero no se confundan con el personaje
lo mío es más serio, créanme.
Un grupo de niños que cazaban ratas
para entretenerse en aquel basural
me vio crucificada bocabajo, desnuda y sangrando
pensaron que era de hule
y jugaban a introducirme una varilla por mi vagina
ganaba el juego quien metía la varilla más adentro y sin quebrarla

en aquella inocencia me destrozaron el útero
y los ovarios se atascaron en mi garganta
el menor de ellos se compadeció, me quitó los clavos con sus uñas
y me dijo algo así como
madre, perdónalos porque saben lo que hacen
en ese momento me estremecí
sentí un hielo a lo largo de toda la carretera cinco
y volví a desfallecer
nuevamente mi cuerpo golpeó el suelo
me fracturé en quince pedacitos
y lloré, lloré como antes nunca había llorado.

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