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Patricio Morales Lizana

Selección de Poemas del libro "Una Larga Herencia Familiar", del poeta Patricio Morales Lizana

Selección de Poemas del libro "Una Larga Herencia Familiar", del poeta Patricio Morales Lizana

I

El desconsuelo ronca
bajo la corteza nacional.

Oscurece.

Las ratas huyen,
la patria se derrumba.

Aprendo.

 

 

II

Por estar siempre en jaque y mal herido
me convenzo de que la humanidad del hombre
cabe entera en un tablero de piezas rotas
o perfectamente en una baraja de naipes viejos
con nobles sin coronas, sin espadas ni oro
una baraja no necesariamente española
sino más bien multinacional
para que en todos los idiomas se enteren
que esa baraja es un espejo.

Este largo tercer enroque
perfectamente podría compararse
a la esperanza de las poblaciones de Chile
y sus niños saltando de un día a otro
por temor a las manos de un alfil.

Este invierno que te escribo perfectamente
se me cae en la primera servilleta
con un padre nuestro en la solapa
este humo interminable perfectamente
podría ser Gardel y Gardel perfectamente
un acuario de metales
donde peces de oro son de plata
los de plata de cobre y los de cobre cesantes rancagüinos
encendiendo barricadas en las olas más altas
o cortando el tránsito de grandes balleneros japoneses.

Esta constante huida para proteger al rey
perfectamente podría ser tu boca
tu boca aquella noche asegurándonos a todos que Chillán era nuestro
como esta patria, recuerdas.

 

III


El verbo se nos queda en la garganta
una grieta insistente crece
cuando esta casa que hemos llamado casa
la construimos con cada llanto.

Todo nombre lleva el nombre de un ausente
desaparecer es empezar a aparecer
y permanecer en la memoria
darse cuenta que en estos campos
no sólo llora el sauce llorón
sino también Chile y todos sus desaparecidos.

Háblame, háblame de los amigos
que la post-modernidad intenta olvidar
háblame de los brazos en las fauces
del costado aquel en donde se perdió el filo
de la bayoneta más fría de la noche
cuéntame de la madre y sus senos desgarrados   
de Concepción, las bombas y los supermercados
de Chillán y las casas acribilladas cuéntame hombre. 

Todo nombre lleva el nombre de un ausente
que el edificio Diego Portales
arda y se derrumbe es sólo otra noticia
hay peces que nadie puede pescar
hay familias que aún esperan.

 

 

IV

 

Todo este frío y el hambre al parecer no bastan.
Todo este frío también parte el corazón.
Los labios, el rostro y las manos son otra cosa.

Como una gran columna vertebral
los países de este rincón se contraen
mascan piedras y tiritan hasta quedar sin dientes.

Dios mira de reojo el paisaje
Dios tiene la sonrisa cansada.

Dios sostiene su rostro entre sus manos.   

 

 

V


De poco sirve que la primavera
llegue con maletas y tacones
cuando los vasos están rotos.

Un hombre destrozado
se levanta una mañana destrozada
se baña en un baño destrozado
destrozado desayuna
y arma los pedacitos de su cuerpo antes de salir.

De poco sirve que la primavera
pretenda coquetearle a un volantín
si detrás de los retratos
muchachas más tristes que la cresta
se arrancan los ojos y ciegas juegan a ser estatuas.

El refrigerador no duerme ni deja dormir
habla de esos pequeños infiernos que ardieron este año.

Qué es eso de andar por la vida
dibujando en las murallas pintitas celestes
qué es eso de no hablar en la mesa cuando se come
suspender el brindis del fin de semana
amanecerse escribiendo poemas
qué es eso de jugar a los enfermos
y no volverse a casa.

 

                                               (A Teresa Villalobos)



 

VI


Últimamente no llego a algunos nombres
mi defecto es no reconocer a mis autoridades
ya no me interesa enterarme
que amigo me ha borrado de messenger
ni tampoco si mi padre recuerda
la pendiente deuda por pensión alimenticia.

Quiero esparcir los pedacitos de mi cuerpo
hasta formar una larga y angosta faja de tierra
quiero idearme un nuevo territorio
con las hojas que cayeron en otoño
armarme otro esqueleto
para mirar de reojo la otra cara de la almohada.

En esta patria ya no hay hombres vivos ni muertos
sólo montañas que esconden ausencias
sólo ríos que arrastran silencios
un mar de peces difuntos.

Últimamente no llego a algunos nombres
la nación posee monumentos que me son desconocidos
sospecho de mis gobernantes
y de todo aquel sujeto que propone un memorial
y le atrasa la memoria
un bicentenario se aproxima con rugidos de jaguares
alégrense, celebremos los doscientos años, dicen los medios
yo escondo mi cabeza bajo la cama
escondo mi cabeza bajo la cama
y temblando juego a los indios contra los vaqueros
y ya no soy más chileno
y ya no soy más profesor
y ya no soy más fractura
me arranco los ojos y a punta de jeringas me reconstruyo
me bautizo con el nombre de ciego  
y me declaro en huelga ante tanto vacío.

Definitivamente ya no llego a algunos nombres
miro un cuadro imaginario de quienes me parieron
- y de verdad te digo querida mesa -
me son tan ajenos
tengo la barba del largo de una pena
y no encuentro tijeras en las mañanas nacionales
para cortarla de una vez.

Desde norte a sur
la miseria desembarca
en los puertos del territorio
y los borrachos de mi pueblo
aún se despiden en las mismas esquinas al amanecer
sin ninguna sonrisa en los bolsillos
dan cuenta a la lluvia
del cultivo de una larga herencia familiar.

En verdad, digo
últimamente no llego a algunos nombres
y más que un problema de memoria
es la voluntad de anular
lo amargo de los días. 

 

  

XI


Las ratas huyen, amor
al sentir detrás de sus orejas
los bostezos de la muerte.

Corremos a la intemperie
deshabitando nuestras tierras
cementerios sin puertas nos saludan
a medida que el amanecer despierta.


 

 

 

 

 

 

 

 





 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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